419. El precio de una burla
Narra Dulce.
Una cosa es jugar con fuego. Otra es ver cómo te apuntan con una antorcha mientras te atan las muñecas. El cadáver sigue tibio en el piso, y yo sigo temblando.
Y Bruno me mira como si no acabara de matar a un tipo a menos de un metro de mí, como si el olor a pólvora y sangre no le revolviera el estómago.
Como si esto fuera… martes.
—¿Dónde está mi maldita billetera? —pregunta. Su voz no sube. No grita, pero está llena de veneno.
Me limpio la boca con el dorso del brazo. Estoy mare