442. La huida.
Narra Dulce.
No hay calles, no hay planos, no hay puntos cardinales en mi mente. Solo hay ruido. Golpes sordos en mi pecho. El olor a sangre seca detrás. La humedad del bosque mezclada con la desesperación. No sé cuánto corrí. No sé cómo llegué. Solo que mis pies ya no responden, y estoy frente al hotel.
El mismo de antes. El que compartí con Sami. Ese pedazo de calma rota. Esa burbuja donde aún creía que el mundo era cruel, pero no tanto. Donde todavía tenía a alguien que me amaba sin pedir