441. Sangre y terciopelo.
Narra Dulce.
El silencio después del grito de Bruno pesa más que la sangre. Y hay sangre por todas partes. En las paredes. En las cortinas. En mis muslos. En mis uñas. En los poros. Me atraviesa. Me mancha desde adentro. El francés se me acerca sin apuro, como si tuviera todo el tiempo del mundo y la certeza de que ya ganaron.
Extiende la mano hacia mí como si fuéramos dos aristócratas en medio de un baile de máscaras. Como si todo lo anterior —los disparos, los huesos rotos, los cadáveres a