402. Cielo turbulento.
Narra Dulce
No estoy volando. Estoy cayendo elegantemente con una mochila llena de billetes y una novia con gusto a caos.
Nunca había estado tan arriba. Ni tan lejos.
Las azafatas no nos miran. Nos vigilan. Como si supieran lo que llevamos. Como si sospecharan que no somos lo que decimos ser. Y no lo somos. Ni siquiera somos mayores de edad. Pero tenemos los pasaportes falsos, los boletos, las caras bien puestas y esa mirada de “toco y me voy”.
Sami me agarra la mano bajo la manta.
—¿Estás bien