383. La quietud del domador.
Narra Ruiz.
No fue el infierno. Aunque tuvo su calor, su oscuridad, susurros de muerte y la promesa de un final.
Tampoco fue la muerte. Aunque, si cierro los ojos, todavía puedo sentir el filo de esa última puñalada, la mano temblorosa de Lorena atravesándome con una mezcla insoportable de amor, odio y desesperación, y esa mirada —esa mirada rota— que es lo último nítido que conservo antes de que el mundo se apagara.
Después vino el silencio.
Una oscuridad espesa, mansa.
Como si no me hubiera i