348. Teatro ciego.
Narra Ruiz
El portón lateral cruje como si supiera algo. No hay cadenas, no hay cerrojos. Solo ese chillido largo y viejo que huele a trampa.
Y sin embargo, entro.
Porque cuando te quitan a lo único que no pensabas perder, no importa cuántas veces la muerte te guiñe el ojo. La seguís igual. Con el corazón apagado y la pistola cargada.
El teatro está oscuro, y no lo digo en sentido figurado. Es literal. Es negrura líquida, espesa, como si el aire tuviera tinta. Solo una línea de luz roja, bajita