347. Tras bambalinas.
Narra Gomes.
El teatro huele a polvo viejo y a electricidad viva. Una mezcla rara. De las que hacen que uno se mantenga con los ojos abiertos aunque no quiera. Como si las paredes respiraran una historia que todavía no fue contada, o como si los ecos de las butacas supieran algo que yo no.
Entramos por la puerta lateral, justo donde la señal térmica se debilitaba. Lo hicieron con precisión: ni sensores de movimiento, ni cámaras a simple vista, ni ruidos que alerten. Un lugar muerto. Pero los lu