344. La puerta sin llave. (Segunda parte)
Narra Ruiz.
El espejo no debería estar ahí.
No en un escenario vacío, en un teatro donde no hay butacas ocupadas, ni luces de sala, ni telón.
Y sin embargo, ahí está.
Con ese marco gastado de bronce, con esas vetas que parecen grietas de una piel vieja que ya no puede contener el alma.
Y en el reflejo, ella.
Mi hija.
Dulce.
No sé si es una grabación, un efecto óptico, una ilusión.
Pero la imagen se queda. Sólida. Real.
Llora, sí. Pero no de miedo.
Llora de impotencia.
Llora como lloraría yo, si