340. Teatro cerrado al público. (segunda parte)
Narra Gomes.
La marquesina brilla con la violencia de un presagio. Esa luz blanca y roja recorta las siluetas de los autos estacionados, de los agentes en posición, del teatro mismo que ahora parece latir. Cada una de las letras está calibrada para inquietar, como un mensaje cifrado en la lengua de los rituales.
“ACTO FINAL”, dice. “TODOS LOS PECADOS SALDRÁN A ESCENA.”
La mano me tiembla un segundo antes de apretar el auricular.
—¿Copian todos? La operación pasa a código rojo. Tenemos a Villa c