346. Ceniza de azúcar.
Narra Dulce.
No hay ventanas en este cuarto, pero igual sé que es de noche.
Lo noto en cómo cambia el zumbido del lugar, en el modo en que las luces bajan un poco su intensidad, apenas, como si alguien hubiese decidido que este no es momento para brillos. También lo noto en el silencio. Un silencio distinto al de la siesta, más tenso, como si algo estuviera por pasar pero todavía no se animara.
Estoy sola. O eso quieren que crea.
Porque hace un rato, uno de los hombres entró. No el que me sonrí