304. Trampas de sangre.
Narra Ruiz.
El teatro está donde siempre estuvo: calle Alsina, cerca de la avenida, justo entre el olvido y la trampa.
No hay luces.
No hay cartel.
Solo un portón herrumbrado que cede con un crujido indecente, como si se riera de mí por venir.
No sé qué espero encontrar.
O sí.
Lo sé.
Pero no quiero decirlo en voz alta.
Porque si la nombro —si digo “Dulce”— el miedo me parte en dos.
Camino despacio.
No por prudencia.
Por respeto.
Porque este lugar no es solo un edificio.
Es un escenario.
Y yo, h