305. Trampas de sangre (continuación)
Narra Ruiz.
Salgo del teatro con la postal doblada en el bolsillo y la respiración del pasado pegada en la nuca, como si cada paso que doy me respirara un muerto encima.
La noche huele a metal. A mugre vieja.
O por lo menos eso parece.
La ciudad tiene esa luz sucia, turbia, como cuando mezclás vino con sangre: no sabés si está amaneciendo o pudriéndose.
Y yo camino lento, como si el suelo pudiera crujir en cualquier momento, como si debajo del asfalto hubiera un vacío esperando abrir la boca.
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