273. El infierno sin mapa.
Narra Ruiz.
Hay golpes que no suenan.
No hacen “pum”. No te parten la cara ni te doblan la pierna.
Hay golpes que simplemente… te abren. Como si te arrancaran el pecho con un destornillador invisible y te mostraran que adentro no hay más que ruido. Ruido y vacío.
La casa estaba en silencio cuando llegué.
Y eso ya era un mal augurio.
Silencio. El tipo de silencio que uno aprende a odiar cuando vive rodeado de armas. Silencio que huele a sangre fresca y a traición.
—Brrito —llamé.
Nada.
—Brisa.
N