271. El segundo cadáver.
Narra Gomes.
No hay forma elegante de decirlo: esta vez el asesino se lució.
La escena del crimen es un asco. No uno de esos ascos rápidos, de vómito y cruzar la vista. Es de los que te quedan pegados en la memoria, como una humedad que nunca se seca.
—No dejes que los de prensa crucen la cinta —le digo a Sandoval, sin sacarle los ojos al cuerpo.
El lugar es una cochera abandonada en Constitución. Oscura, húmeda, con el eco de los trenes pudriéndose a dos cuadras. Perfecto para alguien que quie