270. Arte final.
Narra el asesino (anónimo)
Hay algo sublime en el momento exacto en que una vida se apaga. No por la muerte en sí, no. Eso sería demasiado vulgar. Lo sublime está en el silencio posterior. Ese punto ciego donde todo se suspende. Como una pincelada que queda flotando sobre el lienzo.
Ella gritó. Claro que gritó. Tenía sangre en la boca, en los ojos, en las manos. Una criatura hermosa, salvaje, rabiosa. Brisa, sí. Así le decía él. Brisa. Qué ironía: un nombre tan suave para alguien tan feroz.
No