264. El papel que no arde.
Narra Lorena.
Hoy Tomás llega con una bolsa de medialunas.
La deja en la mesa como si eso pudiera cambiar el aire enrarecido de esta habitación. Me tienta con el olor, claro. Pero no lo miro.
Estoy escribiendo.
No porque esté inspirada, sino porque no quiero que me vea desnuda en mi tristeza.
—¿Querés? —me ofrece, rompiendo el silencio que a veces parece más firme que las paredes.
—No ahora —le contesto, sin levantar la vista.
Me observa. Lo sé. Lo siento. Ese tipo tiene una forma de mirar que