265. El sobre equivocado.
Narra Lorena.
A veces Tomás deja libros tirados como si la celda fuera su casa. Me río sola. La última vez se olvidó los anteojos de sol y una lapicera que no escribe. Hoy me deja una antología, gordita, de cuentos de mujeres del siglo pasado. Lo hace como quien ofrece un dulce:
—Para cuando estés harta de escribir.
—Eso no va a pasar —le digo.
Sonríe. Se acomoda en su sillita de siempre, al lado del escritorio.
Mientras él se pone a leer lo que escribí ayer, abro el libro con poco en