233. Soy un hombre reinventado.
Narra Ruiz.
A las siete en punto, el sol lame los cristales del ático como un amante puntual.
La ciudad —esta ciudad que no diré cuál es porque a veces me gusta imaginar que el mundo entero es mío— bosteza en francés, en alemán, en italiano, en códigos bancarios.
Yo desayuno en silencio. Me afeito con una navaja que podría matar si me lo propongo, y visto un traje de diseñador que huele a control.
Soy un hombre reinventado.
Mi nombre legal no existe. El que figura en los registros mercantiles e