234. Como una espina envenenada.
Narra Brisa.
No me maquillo para él.
Me delineo con rabia.
Me pinto los labios con sangre de reina degollada.
Y me pongo el vestido que sé que odia. El rojo. El que me queda demasiado ajustado y me hace ver como una flor venenosa.
A él no le gustan las flores.
Pero yo no estoy acá para gustarle.
Estoy acá para obsesionarlo. Para taladrarle el cerebro hasta que me piense cuando esté solo.
Él me da órdenes, me acaricia la cabeza como si fuera un cachorro entrenado.
Pero yo no soy una mascota.
Yo