229. Yo no nací para la ternura.
Narra Brisa.
La sangre no salía como en las películas. No era rojo brillante, no era dramática. Era espesa, lenta, como un jarabe triste deslizándose por los brazos de mamá. Tenía los ojos perdidos, de esos que miran una pared como si estuvieran viendo el fin del mundo. Y yo, mientras la abrazaba, sentía todo, menos tristeza.
No. Sentía bronca. Un odio que me quemaba desde adentro como ácido. Porque ahí estaba mi mamá, hecha un despojo, llorando por un tipo que ni siquiera la miraba. Y yo pensa