230. Mi mundo. Mi dueño. Mi todo.
Narra Brisa.
A veces pienso que, si lo hubiera matado en ese momento, en vez de enamorarme de él, me habría ahorrado todo este delirio que me corre por dentro. Pero no. Porque lo vi antes de ser mujer, y me atravesó como un rayo por la espalda. No con una sonrisa, no con una caricia, sino con ese silencio suyo, brutal y elegante, que tiene más poder que mil gritos. Y ahí supe. Que él era mío.
Tenía trece años. No tenía tetas. Ni caderas. Ni ropa decente. Era un palito con el pelo atado con un e