222. Caja cerrada.
Narra Gomes.
La mañana irrumpe sin entusiasmo en la jefatura, apenas colándose por los ventanales cubiertos de polvo, como si la luz dudara en posar su tibieza sobre el mundo apagado que hay entre estas paredes. El olor a humedad y desinfectante se mezcla con el del café recalentado, que alguien olvidó sobre la mesa de guardia. Afuera llueve otra vez, porque en esta ciudad el cielo parece haberse rendido al gris. Y yo, que ya no espero milagros, me siento frente al expediente con una mezcla ama