22. El precio del trono.
Narra Ruiz.
Lorena duerme como duermen las mujeres que ya no tienen nada que perder. De costado, la espalda desnuda, las piernas enredadas en las sábanas como una promesa que ya me cobré.
Y yo ahí, al borde de la cama, vistiéndome con cuidado. Porque hay reuniones a las que no podés llegar con olor a sexo. A pólvora, sí. A deseo, también. Pero con el alma al aire, no.
Ella murmura mi nombre mientras sueño algo que seguro no tiene final feliz. Me dan ganas de quedarme. De volver a meterme entre