171. El trono de hierro oxidado.
Narra Ruiz
Me mudaron.
Y no fue por buena conducta, eso seguro.
Fue por influencia. Por miedo. Por la mancha de sangre que dejo cada vez que alguien se atreve a tocarme.
Ahora tengo celda individual, un colchón que no cruje como los huesos de los viejos, un escritorio donde escribo cartas que nadie recibe y un inodoro que no rebalsa como los otros.
Es el equivalente carcelario a una suite presidencial… si la presidencia fuera de una república bananera y asesina.
Los demás presos me miran de lej