166. En el infierno también se negocia.
Narra Ruiz
Las paredes de esta celda no tienen la decencia de cerrar bien el sonido.
Podés escuchar los gritos de los otros como si fueran tuyos. Podés oler el sudor de la locura.
Y si sos lo suficientemente paciente, incluso podés distinguir quién llora de hambre y quién llora porque se acuerda.
Yo no lloro.
Nunca me enseñaron.
Estoy en la Unidad 7-B, sector de contención máxima. Aislado como un virus, rodeado de tipos que han matado por menos de lo que yo pagué por un café.
Hay un tipo en la