136. La voz del diablo suena suave.
Narra Lorena
No han pasado ni sesenta segundos desde que Ruiz me empujó otra vez hacia el colchón con ese afecto suyo que siempre huele a amenaza, como si estuviera marcando territorio más que compartiendo amor, como si su sudor fuese tinta con la que firmar su propiedad sobre mi cuerpo. Y aunque se recuesta a mi lado como si el mundo volviera a estar en orden, según su lógica torcida, yo no cierro los ojos. No puedo.
La oscuridad de la habitación no es total. Hay una luz temblorosa afuera, pro