132. Veneno bajo la lengua, fuego entre las piernas. (primera parte)
Narra Lorena.
Dormir a su lado siempre fue como acostarse con un cuchillo.
Un cuchillo hermoso, de acero templado, con la hoja reluciente, tan bien afilada que podría abrirme en dos con una caricia mal medida.
Pero esta noche no puedo darme el lujo de sangrar.
Estoy despierta antes que él. Lo escucho respirar con fuerza, con ese gruñido leve que hace cuando sueña con muertos o con traiciones. Su brazo cubre mi vientre, posesivo, pesado. Su piel aún huele al cigarro que se fumó después de hun