126. El susurro del diablo en el bolsillo.
Narra Lorena.
—Estoy atrapada. No es una metáfora —digo, y mi voz se quiebra un poco. Lo odio. Odio mostrar debilidad, incluso en una llamada clandestina a un hombre que podría ser mi única salida—. Estoy encerrada con un demonio que ronca como si llevara todos los pecados del mundo en la garganta.
Gomes no dice nada. Silencio del otro lado, pero puedo sentir cómo afina el oído, cómo se acomoda en su asiento, cómo empieza a tomarme en serio.
—Sé lo de Carlo. Y lo del alcalde. Y lo de las pibas