123. La llave bajo la lengua del diablo.
Narra Lorena.
Lo veo.
Con mis propios ojos.
La tarjeta.
Pequeña, blanca, con los bordes pulcros como una confesión que nadie se atreve a decir en voz alta.
Gomes la desliza por la mesa como si fuera una amenaza o una salida, según quién la mire.
Le dice algo que no escucho —el sistema de audio está jodido en ese ángulo—, pero no hace falta entenderlo todo. La tensión en el rostro de Ruiz es el subtítulo más claro: le da una oportunidad para huir. Una sola. La última.
Y Ruiz, por supuesto, la to