118. ¿Y si te dijera que tengo pesadillas?
Narra Lorena.
De todas las cosas que pierdo, la más peligrosa es la paciencia.
La noche es tan espesa que podría cortarse con un suspiro. No duermo. No lo intento. Ni siquiera lo finjo. Dejo que el silencio de la mansión me susurre sus secretos, que el perfume a lejía y azufre que impregna las paredes me empuje otra vez hacia esa maldita puerta detrás del ropero, hacia ese pasadizo húmedo y angosto que parece haber estado esperando por mí desde el día en que llego, desde mucho antes, incluso.
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