115. Las puertas que no deben abrirse.
Narra Lorena.
Nunca me gustan las puertas cerradas. En mi mundo, una puerta sin acceso es una promesa rota o una trampa disfrazada de misterio. Por eso, cuando la encuentro, pegada a la cocina, oculta tras un biombo antiguo que huele a humedad y encubrimiento, sé que no es un simple acceso de servicio. No. Esa abertura en la pared, más baja que un marco común, más estrecha que la moral de un político, me habla en silencio. Me dice: “acá no deberías estar”. Y eso, por supuesto, es todo lo que ne