470. La mano que me retiene.
Narra Sami.
La habitación está en penumbra. Huele a vino caro, sudor y perfume masculino. Huele a despedidas. A sangre vieja.
Mis muñecas están atadas con una cuerda de nylon. Me cortan. Cada movimiento es una pequeña victoria y una nueva herida.
Tengo un labio partido, un ojo semicerrado, y todavía siento el sabor del miedo en la garganta.
Pero no estoy muerta.
Eso significa que todavía hay algo que puedo hacer.
Dulce me vio. Me vio. Con esos ojos de animal salvaje al que finalmente le cerraro