114. Los perros ya no ladran, muerden.
Narra Ruiz.
El silencio en mi despacho no es paz, es la antesala del ruido. Ese que llega con la pólvora, con el canto metálico de las balas y el chillido de los traidores. Estoy solo, con un vaso de whisky sin hielo en la mano, el hielo es para los que dudan, y la mirada fija en el fuego que se retuerce dentro de la chimenea. Afuera, la noche sangra sobre las calles, y en el sur todavía se limpian la sangre de sus muertos con servilletas de papel, como si fuera vino derramado.
No toco el celul