106. Lo que me pertenece.
Narra Ruiz.
Se quedó dormida con la espalda arqueada y los labios hinchados de morderse.
Apenas respira, pero yo la escucho. La escucho con cada fibra que me queda. Como si el latido lento de su corazón se metiera bajo mi piel para quedarse a vivir.
Me levanto de la cama.
Enciendo un cigarro.
Y miro el cuerpo de Lorena, todavía tibio entre las sábanas que huelen a sexo, a rabia y a ese perfume caro que siempre usa cuando quiere fingir que tiene el control.
Pobre tonta.
Pensó que me podía matar.