Podía soportar muchas cosas, pero estar tanto tiempo separado de Liah era una tortura. Y sí que puso mucho de mi parte cuando, a las dos semanas de enterarme de que se fue de viaje con la loca de su hermana, la encontré paseando por Japón cuando aún no estaba del todo recuperada.
En mala hora escucho a su padre y a don Juan decirme “dale su tiempo”, “ella necesita sanar”. Bien, tres meses eran suficientes para mí y para ella, a quien se le ha dado por andar bailando y besando a niños con carita