Estoy feliz, tengo a mi gruñón conmigo, que me ama, sabe toda la verdad y estoy en paz conmigo misma.
Salí muy temprano de la hacienda Koller antes de que Leandro se despertara y fui a mi hacienda. Recorrí todo el camino que antes era doloroso, y como una ilusión vi a mi tía con una hermosa sonrisa sonriéndome.
—Espero que descanses tranquila, tía.
—Hablas con alguien, mi rosita —mencionó papá.
—Pensaba en voz alta. Vine a hablar de la empresa y cómo vamos a manejarla.
—Mis hijas son dueñas y e