Te amo.
Las risas del día habían quedado atrás.
Los niños dormían profundamente y los invitados se habían marchado, dejando un silencio de esos que envuelven y apagan el ruido de todo lo demás.
Catalina se acomodaba en la cama, con una bata ligera que dejaba al descubierto parte de sus piernas.
En la habitación solo brillaba la luz cálida del aplique junto al ventanal.
Julián, apoyado en el marco de la puerta, la observaba en silencio, con