Arruinaron a Grupo Delcourt… pero a Catalina no.
Cuando el coche se detuvo frente al edificio de Grupo Delcourt, Catalina contuvo la respiración, sintiendo cómo el pasado y el presente se entrelazaban como hebras de una misma historia, imposibles de separar.
Ahí estaba.
Su empresa.
Suya al fin.
La fachada de piedra blanca seguía en pie, imponente y majestuosa, como un guardián del legado que su familia construyó con esfuerzo y visión. El emblema familiar resplande