No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
El lugar, que Julián había elegido con tanto cuidado como refugio para Catalina y sus hijos, se había convertido en el escenario de una prueba emocional que pondría a prueba el amor y la paciencia de una madre.
Catalina descendió lentamente del auto, con el corazón latiendo como un tambor de guerra en su pecho.
Sus manos temblaban dentro de los bolsillos de su abrigo claro mientras intentaba controlar su respiración. Cada segundo parecía eterno, y sabía que cualquier gesto malinterpretado podía