No pienso fallarte.
Julián se detuvo frente a las puertas de cristal del tribunal empresarial con las manos heladas y el corazón latiendo con fuerza.
Cerró los ojos unos segundos, dejando que la brisa fría de la mañana le despejara la mente.
Había llegado el día.
El día en que, después de tantos años, su nombre volvería a significar algo digno.
A su lado, Étienne llevaba el maletín con los documentos originales. Mario los acompañaba unos pasos atrás, ajustándose la corbata con un gesto nervioso, intentando aparent