Desayuno en familia.
El aroma a chocolate caliente llenaba la cocina como un abrazo tibio que parecía envolver los recuerdos y curar las noches difíciles.
Catalina movía la cuchara con una calma que no tenía desde hacía meses, viendo cómo el vapor ascendía en espirales lentas que se desvanecían como pensamientos que al fin encontraba el valor de soltar.
Esa mañana no era una más.
Había una serenidad distinta, la de quien empieza a creer que la vida puede volverse amable otra vez.
Lana y Elian ya estaban sentados a