La luz no volvió de inmediato.
Erika despertó con la sensación de haber sido arrancada de un sueño incompleto, como si alguien hubiera cerrado una puerta antes de que pudiera cruzarla. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba. El techo blanco, las líneas limpias, el zumbido bajo y constante. La habitación sin ventanas abiertas. El brazalete en el tobillo.
La prisión elegante.
Se incorporó lentamente. Su cuerpo protestó, pero obedeció. El dolor seguía ahí, contenido, controlado. Eso también