La neblina no se había disipado del todo; se aferraba al suelo del bosque como un sudario gris, enfriando el aire hasta convertirlo en un suspiro glacial. Zack patrullaba el perímetro interno, su forma de Alfa Negro apenas una sombra más densa entre los robles centenarios. La intrusión de la mujer de ojos ámbar y el cofre dejado en su jardín habían perforado su confianza; el toque de queda se sentía ahora como una jaula, no como un refugio. De repente, su olfato, agudizado por la paranoia prote