Claris Lenor Montir se movía por el laboratorio forense central con una parsimonia que inquietaba a los técnicos de guardia. Había exigido exclusividad total para procesar las muestras de tejido recolectadas en la zona de obras, alegando que sus instrumentos de "resonancia molecular" eran extremadamente sensibles. El inspector a cargo, asediado por la prensa y la falta de resultados, no tuvo más remedio que ceder el espacio, permitiendo que la experta se encerrara con los restos de los obreros.