La tregua en la ciudad se resquebrajó de la forma más violenta posible en una zona de obras del cinturón periférico. A las tres de la mañana, un grupo de seis obreros que trabajaba en el turno nocturno de una nueva terminal ferroviaria fue hallado por el capataz del turno siguiente. No hubo señales de lucha, ni gritos captados por las cámaras de seguridad. Los hombres estaban esparcidos por la mezcla de cemento fresco y vigas de acero como muñecos de porcelana olvidados. Sus rostros conservaban