El mensaje llegó a través de un centinela de bajo rango que patrullaba los límites del sector norte: una tarjeta de visita de color negro mate, sin nombres ni teléfonos, solo una dirección grabada en relieve plateado. Tamara, ignorando las protestas de un Zack todavía convaleciente por las heridas de obsidiana, decidió que la diplomacia era la única arma que no habían probado. Se vistió con un atuendo profesional que ocultaba tanto su embarazo de cinco meses como el dije de plata que nunca la