Luego de la reunión en la terraza, la mansión dormía, pero la noche no.
Las luces del pasillo del ala privada de Isabella parpadeaban con esa electricidad inquieta que anuncia tragedias. Ella, aún con el cuerpo helado por la lluvia, salió del baño camino hacia el balcón y se quedó allí un rato, abrazándose a sí misma y viendo la lluvia caer. El mundo seguía igual… pero algo, en el fondo, había cambiado.
Mientras estuvo en el baño, una sombra conocida había colocado una pequeña caja bajo su puer