La aurora se desvanecía lentamente sobre el horizonte, como si la noche hubiese pintado el cielo de fuego solo para ellos y ahora, satisfecha, lo entregara de nuevo al día. Las luces verdes y violetas se apagaban en hilos pálidos mientras el sol comenzaba a rozar las montañas nevadas del Denali.
Dentro de la cabaña, todo estaba en calma. El aire olía a madera tibia, a velas consumidas y a rosas frescas. Isabella abrió los ojos lentamente, todavía envuelta en el calor del sueño. Lo primero que s