La camioneta avanzaba lenta por el camino nevado, alejándose del claro donde quedaba la cabaña. El paisaje era un lienzo blanco interrumpido por los abetos que se erguían, solemnes, con copas cubiertas de nieve como coronas de cristal. El aire frío empañaba los vidrios, y el motor retumbaba grave, casi un ronroneo acompasado con el latido de quienes viajaban dentro.
Isabella iba acurrucada en el asiento del copiloto, la mejilla apoyada en el hombro de Nick. Sus dedos entrelazados descansaban so