El consultorio de Daniel en el Upper East Side olía a antiséptico y a una calma que Isabella ya no sentía como propia. Daniel la observó en silencio mientras ella servía un poco de agua; sus movimientos eran precisos, casi quirúrgicos.
—¿Cómo quedó todo en Suiza, Isa? —preguntó Daniel finalmente, rompiendo el silencio—. Te ves... diferente. Hermosa como siempre, pero hay algo en tu mirada que no estaba antes.
Isabella dejó el vaso sobre la mesa; el sonido del cristal chocando con la madera fue